MAX
HORKHEIMER - THEODOR W. ADORNO
de
Dialéctica
del Iluminismo
Trad. de H. A.
Murena,
Buenos Aires, Sudamericana, 1987,
Los
escritores “negros” de la burguesía no han buscado, como sus exegetas,
paliar las consecuencias del iluminismo con doctrinas armonizantes. No han dado
a entender que la razón formalista se halla en relaciones más estrechas con la
moral que con la inmoralidad. Mientras los serenos o claros cubrían -negándolo-
el vínculo indisoluble entre razón y delito, entre sociedad burguesa y
dominio, los otros expresaban sin contemplaciones la verdad desconcertante.
“En las manos manchadas de uxoricidios, infanticidios, sodomías, asesinatos,
prostituciones y otras infamias pone el cielo estas riquezas; para premiarse por
tales abominaciones, las pone a su disposición”, dice Clairwil en la historia
de la vida de su hermano. [i] Exagera. La justicia del
dominio malo no es tan coherente como para premiar sólo los actos nefandos.
Pero sólo la exageración es verdadera. La esencia de la prehistoria es la
manifestación del horror supremo en lo particular. Tras el relevamiento estadístico
de los asesinados en el progrom, que incluye a aquellos
piadosamente fusilados desaparece la esencia, que se revela sólo en la precisa
descripción de la excepción, de la tortura más feroz. La vida feliz en el
mundo del horror es confutada como infame por la simple existencia de aquel
hacho. Tal hecho se convierte así en la esencia y esa felicidad se torna
insignificante. Al asesinato de los hijos y de las mujeres, a la prostitución y
a la sodomía se ha llegado sin duda más a menudo en la edad burguesa entre los
poderosos que entre los súbditos, pues los poderosos han heredado los hábitos
de los señores de las épocas precedentes. En compensación, cuando estaba en
juego el poder, éstos han acumulado montañas de cadáveres, incluso en los
siglos más recientes. Los vicios privados, en Sade como ya en Mandeville, son
la historiografía anticipada de las virtudes públicas en la era totalitaria.
El hecho de no haber ocultado, sino proclamado en alta voz, la imposibilidad de
articular, sobre la base de la razón, un argumento de principio contra el
asesinato, ha alimentado el odio con el que justamente los progresistas
persiguen aún hoy a Sade y a Nietzsche. A diferencia del positivismo lógico,
tanto el uno como el otro le han tomado la palabra a la ciencia. Su insistencia
en la ratio, tanto mas decidida que la del positivismo, tiene el
sentido secreto de liberar del capullo a la utopía que está encerrada como en
el concepto kantiano de razón, en toda gran filosofía: la de una humanidad
que, ya no deformada ella misma, no tiene más necesidad de deformaciones. Al
proclamar la identidad de razón y dominio, las doctrinas despiadadas son más
piadosas que las de los lacayos de la burguesía. “¿Donde están tus peligros
máximos? -se preguntó una vez Nietzsche-: [ii]
en la compasión”, Nietzsche ha salvado con su negación la fe inquebrantable
en el hombre, que es traicionada día tras día por toda afirmación
consoladora.
Theodor Wiesengrund
Adorno
Max Horkheimer
[i] Juliette,
Hollande, 1797, V, pág. 232.
[ii]
Die Fröliche Wissenschaft,
V, pág. 205.
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