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HANS-GEORG GADAMER
De Verdad y método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica.

Excurso III
[crítica a la crítica de Löwith de la crítica heideggeriana de Nietzsche]

Ediciones Sígueme, Salamanca, 1988, pp. 318-330.

 

Hans-George GadamerIII. También la confrontación de Löwith con la interpretación heideggeriana de Nietzsche[i], que plantea aquí y allá objeciones justificadas, adolece de esto mismo, de que sin darse cuenta está propugnando el ideal nietzscheano de la naturalidad frente al principio de la formación ideal. A lo que se refiere Heidegger cuando, con toda intención, alinea juntos a Nietzsche y Aristóteles -lo que significa precisamente que para él uno y otro no se encuentran en la misma situación- resulta así incomprensible. Y a la inversa el propio Löwith se ve obligado en virtud de este malentendido al absurdo de tener que tratar la teoría del eterno retorno de Nietzsche como una especie de Aristóteles redivivo. De hecho, para Aristóteles el curso circular eterno de la naturaleza representaba el aspecto más lógico y natural del ser. La vida moral e histórica del hombre mantenía para él una referencia al orden que paradigmáticamente representa el cosmos. Y nada de esto hay en Nietzsche. Este piensa la circularidad cósmica del ser enteramente desde la oposición que representa a esto la existencia humana.

El eterno retorno de lo igual tiene su sentido como una doctrina para el hombre, esto es, como un terrible tope para la voluntad humana, que destroza todas sus ilusiones de futuro y progreso. Nietzsche piensa la doctrina del eterno retorno con el fin de tocar al hombre en la tensión misma de su voluntad. La naturaleza está pensada desde el hombre, como algo que no sabe nada de él. Y no tiene objeto pretender ahora, dándole otra vez la vuelta, confrontar a la naturaleza con la historia, si es que se quiere entender la unidad del pensamiento de Nietzsche El propio Löwith no logra salir de la constatación de la no resuelta escisión de Nietzsche. Cara a esta constatación habría que seguir preguntando cómo pudo llegarse a este callejón sin salida, esto es, por qué para Nietzsche esto no fue ni un quedar atado ni un fracaso, sino su gran descubrimiento y liberación.

El lector no encontrará en Löwith ninguna respuesta a esta nueva pregunta. Y sin embargo, es esto lo que habría que comprender, lo que el propio pensamiento tendría que ser capaz de rehacer. Heidegger lo intenta, esto es, construye el sistema de referencias desde el cual las diversas proposiciones de Nietzsche se hacen compatibles entre sí. Pero el que este sistema de referencias no se exprese inmediatamente en el propio Nietzsche se debe al sentido metodológico de esta misma reconstrucción. A la inversa, y paradójicamente, vemos a Löwith reproducir a su vez lo mismo que en Nietzsche le parecía una falla: reflexiona sobre la irreflexión; filosofa contra la filosofía en nombre de la naturalidad, y apela al sano entendimiento humano. Pero si éste fuese un argumento filosófico, hace tiempo que habría acabado toda filosofía y en consecuencia también la apelación a él. No hay nada que hacer: Löwith sólo saldrá de esta aporía si reconoce que la apelación a la naturaleza y a la naturalidad no es ni naturaleza ni natural.

Hans-Georg Gadamer



[i]  En el tercer capítulo de Heidegger, Denker in dürftiger Zeit, Frankfurt 1953. Cf. también la reciente nueva edición de K. Löwith, Nietzsches Lehre von der ewigen Wiederkehr.

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