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¿qué sabe el hombre de sí mismo? ¿Sería capaz de percibirse a sí mismo, aunque sólo fuese por una vez, como si estuviese tendido en una vitrina iluminada? ¿Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso su propio cuerpo, de modo que, al margen de las circunvoluciones de sus intestinos, del rápido flujo de su circulación sanguínea, de las complejas vibraciones de sus fibras, quede desterrado y enredado en una conciencia soberbia e ilusa? Ella ha tirado la llave, y ¡ay de la funesta curiosidad que pudiese mirar fuera a través de una hendidura de la cámara de la conciencia (bewusstseinszimmer) y vislumbrase entonces que el hombre descansa sobre la crueldad, la codicia, la insaciabilidad, el asesinato, en la indiferencia de su ignorancia y, por así decirlo, pendiente en sus sueños del lomo de un tigre!
Nietzsche Decencia, indecencia
“Moral para psicólogos. ¡No hacer psicología de librero ambulante! ¡No observar jamás por observar! Eso da una óptica falsa, un mirar bizco, algo que resulta forzado y que exagera las cosas. El tener vivencias, cuando es un querer-tener-vivencias, - no resulta bien. En la vivencia no es lícito mirar hacia sí, toda mirada se convierte entonces en “mal de ojo”. Un psicólogo nato se guarda, por instinto, de ver por ver; lo mismo puede decirse del pintor nato. Este no trabaja jamás “según la naturaleza”, - encomienda a su instinto, a su camera obscura, el cribar y exprimir el “caso”, la “naturaleza”, lo “vivido”... [...] La naturaleza, evaluada artísticamente, no es un modelo. Ella exagera, deforma, deja huecos. La naturaleza es el azar. El estudio “según la naturaleza” me parece un mal signo”: delata sumisión, debilidad, fatalismo, - ese yacer-por-el-polvo ante los petits faits es indigno de un artista entero. Ver lo que es - eso es lo propio de un género distinto de espíritus, de los antiartísticos, de los hombres de hechos. Hay que saber quién se es...” [iii]. La metáfora de la inversión es corolario de la metáfora de la cámara oscura: puesto que, si todo el mundo tiene una cámara oscura, no todos ven el mundo invertido. ¿Por qué no se da una inversión generalizada? ¿Qué criterios pueden adoptarse para hablar de un punto de vista invertido, si no existe ninguna perspectiva que presente con toda transparencia las relaciones reales, si la ciencia y la verdad constituyen ellas mismas el punto de vista de un determinado tipo de “mente”, el que poseen precisamente los que ven la verdad boca abajo? “Sin embargo, aquí se ve boca abajo la verdad: actitud particularmente indecente referida a la verdad” [iv]. El punto de vista que ve invertidas las relaciones no es el del error ni el de la ilusión: es el de un tipo de mente antiartística, que quiere contemplar la realidad sin velos. Desnuda. Punto de vista de la indecencia. Desnuda, a la luz del día, fuera de la cámara oscura de la conciencia. Perspectiva del que ignora que detrás del velo existe aún otro velo [v]. Ignorancia sintomática de la pérdida de virilidad de los instintos. Querer desvelar la verdad equivale a confesar que uno ya no sabe comportarse con las mujeres. Que se ignora o quiere ignorase la diferencia entre los sexos. Denegación fetichista. El punto de vista invertido es el de una evaluación perversa de unos instintos que no son lo bastante fuertes no lo bastante hermosos para amara la apariencia en cuanto apariencia. La vida. La mujer: sin buscar febrilmente, por miedo a la castración, un pene tras los velos, un mundo estable al cual aferrarse.
¿Baubo? Ella consigue que se ría Deméter a pesar de su dolor: levantándose el vestido y enseñándole el vientre [viii]. Deméter, que busca a su hija raptada por Hades en el mundo oscuro de los infiernos. Deméter, ¿unida a su hija por un falo? ¿Acaso no es mejor reír que llorar ante la pérdida del sentido y la castración? Reír de la apariencia, no negarla. Metafísicos, intentad desvelara a la mujer y veréis aún otro velo, una pintura: en el vientre de Baubo estaba pintada la cabeza de Yaco [ix]. Deméter, Baubo, Perséfone: historias de mujeres, Deméter, diosa de la fecundidad que, a causa de su dolor, se comporta como una mujer estéril, castrada, en busca del saber: “Cuando una mujer demuestra cierto gusto por la ciencia, suele ser la señal de que algo no funciona en su sexualidad. La esterilidad predispone ya a una cierta virilidad de los gustos” [x]. La leyenda precisa que Deméter deja de beber, comer, bañarse y adornarse durante nueve días y nueve noches. Cuando una mujer busca la verdad, atenta contra su propio pudor [xi], desconoce o prescinde de la diferencia sexual. Sin embargo, Dionisos está desnudo, sin pudor. Está desnudo porque no le da vergüenza su apariencia, y no necesita de oropeles metafísicos como tanto otros fetiches [xii]. La desnudez de Dionisos no es revelación, desvelamiento de la verdad, sino afirmación sin velo de la apariencia. Desnudarse equivale a Mostar, en contra de cualquier denegación futura, que no hay nada que ocultar. Dionisio es un Dios equívoco por excelencia: bisexuado como la vida. Como la mujer, “saber parecer forma parte de su maestría”: es el dios “que no dice una sola palabra ni aventura una sola mirada en la cual no haya una segunda intención de seducción”. Como el hombre, es lo bastante fuerte, profundo hermoso como para atreverse a la desnudez [xiii]. Dios griego para el cual superficie y profundidad, hombre y mujer, constituyen falsas oposiciones. Dios inelucidable. La desnudez de Dionisos es su máscara más sólida, con la que seduce a Ariadna. Desnudez, fetiche que debería acabar todo fetichismo. Vivir es afirmar a la vez virilidad y feminidad en toda su diferencia y unidad. En Nietzsche, por tanto, estamos muy lejos de un sueño, de una nostalgia de la transparencia. Emplea la metáfora de la cámara oscura para demostrar que los valores de claridad, verdad, en cuanto desvelamiento, y todos los valores que forman un sistema con ellos, son síntomas de un estado de enfermedad: pérdida de virilidad y denegación fetichista. Desde el punto de vista de la decencia, pueden rechazarse ciencia e ideología, tal como las concibe Marx. Nietzsche toma de la metafísica una metáfora que implica el sistema de oposiciones que la caracteriza y generalizándola consigue desplazar los valores tradicionales al mismo tiempo que efectúa una lectura sintomatológica y diferencial: aunque todos tengan su cámara oscura propia, resulta que una cámara no es igual a otra: la del pintor es superior a la de la ciencia, porque no pretende que su oscuridad se tome por claridad: al menos, la cámara de una cierta pintura... El punto de vista de la decencia que es el mismo que el de la salud, es, en definitiva, el que permite -y no la verdad- distinguir: introducir una distancia de una cámara a otra. Nietzsche da un golpe más decisivo a lo que empezó a tambalearse a consecuencia de los textos de Marx y Freud. La cámara oscura nietzscheana, sin llave, debería acabar con todas las pseudoclaridades, con todo oscurantismo. El deslumbramiento Punto de vista de la decencia. Punto de vista artístico que permite que la verdad no mate al hombre: “El arte descansa en la imprecisión de la vista”. “Su principal medio es omitir, no ver y no entender” [xiv]. “Querer ver a cualquier precio, querer descifrar los enigmas de la naturaleza, atreverse a decir la inconfesable verdad de que no hay verdad, es exponerse, como el intrépido Edipo, a ser el más desgraciado de los hombres: a perder la vista” [xv]. Por haber “echado una mirada al abismo” (abgrund)[xvi]. ¿La cámara oscura no sería tal vez esa ceguera momentánea que nos afecta a todos para evitarnos una eventual ceguera total?. Un remedio preventivo que permite permanecer sereno. Podemos decir que, en el texto nietzscheano, la cámara obscura recubre, como una especie de recuerdo-pantalla, y reemplaza esta “imagen luminosa (lichtbild) que nos ofrece la naturaleza para curarnos tras haber echado una mirada al abismo”, de la que habla Nietzsche en El nacimiento de la tragedia acerca de Edipo y de los héroes de Sófocles.
Leonardo, Rousseau, Nietzsche, ¿no están ligados quizá por la misma estructura homosexual, por el mismo deseo, por el mismo temor de ver, de saber, por una misma mirada echada a una verdad insoportable? ¿Acaso la “madre” no les ha dejado estupefactos a los tres? La cámara oscura es esta aparato mágico que sirve para sosegar el horror: funciona como apotropaeon. Freud recuerda que la multiplicación de los símbolos del pene significa la castración y la defensa contra la castración [xix]. En definitiva, la generalización de la cámara oscura realizada por Nietzsche ¿no supone acaso un remedio más eficaz, más ambiguo también, que el empleo de ésta como aparato de calco y trasparencia? Sarah Kofman
[i] Señalemos que para Freud “si el pie o el calzado o una parte de éstos son los fetiches preferidos, se debe al hecho de que por curiosidad, el muchacho ha espiado, desde abajo, a partir de las piernas, el órgano genital de la mujer”. Op. Cit. [ii] Por ejemplo, Positions, p. 95, ed. de Minuit, 1972. [iii] Le crépuscule des idoles, Flâneries inactuelles, 7. [iv] Humano demasiado humano, I, 141. Cf. También el Anticristo, 8: “La verdad está ya en al mente si el abogado de la nada y de la negación se convierte en el representante de la verdad” Y el párrafo 9: “Donde alcance la influencia teológica, las evaluaciones son invertidas, los conceptos ‘verdad’ y ‘falso’ son necesariamente invertidos” [v] Cf. Más allá del bien y del mal. [vi] Más allá del bien y del mal, prólogo. [vii] La gaya ciencia, prólogo. [viii] A veces se atribuye a Iambé el papel de Baubo. [ix] Yaco sería el hijo de Démeter. Siempre ha pertenecido al tipo divino apartado, inasequible, semejante a veces a veces a Dionisos. Las vasijas de arcilla de Priene permiten considerar a Baubo como el equivalente de una coili’a animada (el órgano sexual femenino). El gesto de Baubo recordaría a Deméter la posibilidad que ésta tiene de ser fecunda. El gesto “obsceno” sería un gesto mágico destinado a obtener la fecundidad de la tierra. (Cf. Reinach, Cultes, mythes, religion, IV). A no ser que la cabeza pintada en el vientre de Baubo fuera análoga a la de la Medusa. Reicnach relata otras leyendas tomadas de contextos griegos, irlandeses, y japoneses, en las cuales el hecho de que una mujer se levante el vestido provoca o bien la risa o bien el temor. ¿Tal vez Baubo invitaría a Deméter a ir a asustar a Hades? Baubo era la nodriza de Deméter. [x] Más allá del bien y del mal. [xi] “Entre mujeres: ¿la verdad? ¡Oh!, ¡no conocéis la verdad! ¿No es acaso un atentado a vuestro pudor?” (El crepúsculo de los ídolos). Cf. También Más allá del bien y del mal: “Si comparamos grosso modo al hombre y a la mujer, podemos decir que la mujer no tendría el genio del adorno si no se supiera instintivamente reservada a un segundo papel” [xii] “El término ‘fetiche’ que remite hoy a una fuerza, a una propiedad sobrenatural del objeto [...] ha sufrido una curiosa distorsión semántica, ya que en su origen significaba exactamente lo contrario: ‘una fabricación, un artefacto, un trabajo de apariencias y signos’. Procede del portugués festico que significa artificial, el cual viene del latín facticius, y apareció en Francia en el siglo XVII [...]. De la misma raíz (facio, facticius) que feitico, en castellano afeitar (‘adornar, embellecer’), afeite (‘adorno, cosmético), el francés ‘feint’ (fingido), y el castellano hechar (‘hacer’), de donde hechizo (‘artificial, fingido, postizo’)” J. Braudillard en Objets du fétichisme, p. 215 (N. R. de psychanalyse). [xiii] Cf. Más allá del bien y del mal. En cuanto al problema de la desnudez, véase Nietzsche et la métaphore, capítulo IV, “Nudité, costumes”. [xiv] El libro del filósofo, I [xv] Ibid., I. Cf. también Más allá del bien y del mal. [xvi] El nacimiento de la tragedia, 9. [xvii] El termino lichtbild significa también fotografía. [xviii] Ibíd. Traducción modificada. Bernard Pautrat cita también este texto en su hermoso libro Versions du soleil (Le Seuil, 1971). El libro entero esclarece e insite, sin utilizar, sin embargo, la metáfora de la cámara oscura, en la relación del problema de la verdad y del fetichismo. [xix] La cabeza de Medusa. Das Medusehaupt, G. W. XVII. |
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