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GEBET AN DAS LEBEN - ORACIÓN A LA VIDA

 

Como el amigo ama al amigoLou Salomé
yo te amo vida enigmática,
haya exultado en ti, o haya llorado,
Dolor o dicha me hayas dado. 

Te amo a ti y a tus penas
y si debes destrozarme
Me desprenderé de tus brazos
Como del pecho del amigo se desprende el amigo 

¡Con toda mi fuerza te abrazo!
Que tus llamas me prendan,
Que aún en las brasas de la lucha
Siga adentrándome en tu enigma. 

¡Ser milenios! ¡Y pensar!
Cobíjame en tus brazos:
Si ya no puedes regalarme dicha
Sea-aún te queda el dolor.

    Lou Andreas-Salomé


“El 26 de agosto finalizó el idilio de Tautenburg con la partida de Lou hacia Stibbe, todavía en calma total y, por parte de Nietzsche, en el culmine de una felicidad melancólica. Lou le había regalado como despedida aquella poesía, la “Oración de la vida”, que ella había compuesto en 1880 cuando era estudiante en Zürich, llena de un espíritu juvenil heroico con el que pretendió deshacer la opresión que le producía la enfermedad que amenazaba a su vida. A Nietzsche le conmovieron profundamente las ideas y el tono de la poesía. Al día siguiente se dio prisa en viajar hasta Naumburg y “componerla” para una voz y acompañamiento de piano. Pero su talento musical estaba agotado, la fuente melódica ya no manaba como en aquella época ideal en la que cantaba “lieder” para Anna Redtel en Pforta y para Maria Deussen, en Bonn. Sin embargo tenía una partitura heroica y festiva, que desde hacía nueve años llevaba consigo y que le parecía acomodarse al texto, su “Himno a la amistad”. Sólo tuvo que cambiarlo un poco para que el numero de las sílabas del poema se correspondiera de algún modo con la melodía. Con esta obra Nietzsche vivió y completó su unión con Lou Salomé. Envió inmediatamente la composición a su maestro musical “Peter Gast” con estas palabras: Me gustaría haber  compuesto una canción que pudiera ser interpretada también en público-, ‘para seducir a los hombres hacia mi filosofía’. ¡Un gran cantante podría, con ella, arrancarme el alma del cuerpo; aunque quizá, así, otras almas se ocultaría definitivamente en su cuerpo! -¿Le resultaría posible quitar a la composición como tal ese cierto aire de aficionado que posee? Quizá me crea que, en la medida de mis posibilidades he hecho un auténtico esfuerzo.” Y el 1 de septiembre escribe a Lou. “En Naumburg volvió a asaltarme el demonio de la música -he puesto música a su Canción a la vida; mi amiga parisina Ott, que posee una voz maravillosamente fuerte y expresiva, ha de cantárnosla alguna vez a Usted y a mí”.

JANZ, Curt Paul
Friedrich Nietzsche.

 
3. Los diez años del filósofo errante 

Alianza Editorial, Madrid, 1994, p. 121.

 

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